El tiempo pasa muy despacio, a cámara lenta, por las catacumbas de Tondonia, antesala del Cementerio que aísla los mayores secretos de Bodegas López de Heredia, las claves de su innata longevidad que guardan dos armarios cuyo contenido solo Pedro conoce. El es el engarce entre la primera y la cuarta generación de la firma jarrera que fundó Rafael López de Heredia en 1877. Pero cuando se asoma por encima de los hombros de los hombros de Julio, María José y Mercedes, a los ojos de Vega, su primera nieta, adivina en ellos el futuro de la quinta que está por llegar.
A su tiempo. En los calados de Tondonia, el reloj duerme en el océano de las barricas, y los 128 años de historia que se van esculpiendo en las paredes, son una eternidad. Su mejor aval en el mercado. Comprensible, en fin, que a la bodega de La Estación le otorgasen ayer el Premio a la Mejor Empresa Familiar del Año, concedido por la Asociación Riojana de Empresa Familiar (AREF).